Blog personal sobre historia y religión de los países de habla hispana.
Showing posts with tag: cristianesimo
alhambra3_2168406b

Sincretismo cultural y religioso en la Península Ibérica

Los políticos no tienen tiempo para estudiar historia. Son consumidores y reproductores de ideología, hombres de acción que deben actuar en consonancia con la opinión pública y con los mitos de la opinión pública. Uno de esos mitos, publicitado en los florilogios retóricos de las campañas electorales, referente al pasado de España y al papel de al-Andalus en ese pasado, ha sido discutido recientemente en el número de Enero de Revista de Occidente. Me refiero al mito de que a finales de la Edad Media convivieron pacíficamente tres culturas en el sur de la península ibérica.

Resulta por completo de actualidad referirse a esta imagen idílica, después de los dramáticos y preocupantes sucesos de El Egido. La idealización y reforma de la realidad es tan exigible éticamente, como científicamente lo es el reconocimiento de lo que somos y hemos sido. Ninguna transformación positiva resulta viable si no parte del exacto diagnóstico de la realidad histórica. Sin embargo, ni la izquierda ni la derecha (especialmente la nacionalista) parecen dispuestas a asumir nuestra historia, ni cuando menos a leerla. Julián Marías ha llamado “fragilidad de la evidencia” al hecho de que el hombre prefiera lo que se dice –o lo que imagina-, sobre todo si se le repite con énfasis y autoridad mediática, a lo que entra por los ojos o debería penetrar en el entendimiento. El hombre es el ser que se enamora sobre todo de sus sueños.

Américo Castro y otros propalaron la exageración de que al-Andalus había sido un paraíso en el que convivieron felices tres comunidades religiosas y étnicas distintas, hasta que los “bárbaros del norte” (no sólo castellanos) acabaron con aquella fructífera armonía. Tras la conquista (lo de “reconquista” sería un invento), la Inquisición se ocupó del resto. El comercio, el trabajo manual, la artesanía, la agricultura intensiva, el pensamiento, la ciencia, habrían sido en nuestra baja Edad Media actividades exclusivas de judíos y árabes, mientras los castellanos se dedicaban a la depredación militar o al pastoreo. La decadencia del Imperio sería una consecuencia de la expulsión de sefarditas y moriscos.

No obstante, investigaciones históricas rigurosas aportan suficientes documentos para que dicha leyenda no pueda sostenerse en pie con éxito. La convivencia pacífica y feliz de tres religiones no es más que un mito. En la baja Edad Media, la tolerancia, cooperación y amistad jubilosa entre musulmanes, judíos y cristianos, fue excepción, mal necesario, y no regla ni fin querido. Lo que ofrecen los textos originales es un sistema de aislamiento entre grupos, de contactos superficiales y recelos permanentes desde los tiempos más remotos(1).

Por fuerza parece ingenua la afirmación de Toynbee en el sentido de que el Islam está libre de veleidad o propensión racista; la literatura árabe es un caudal inagotable de ejemplos de lo contrario.

Por otra parte, tanto la aportación étnica árabe como la judía fueron en al-Andalus mucho más exiguas de lo que se piensa. El predominio de la cultura islámica no hubiera sido nunca posible sin coacción. En absoluto fue un predominio racial; los pocos árabes que entraron (junto a sirios y berberiscos) tomaron mujeres autóctonas, así que sus descendientes eran mestizos. Los príncipes musulmanes pintados en la Alhambra son también rubios y de ojos claros. En el XI no había en la Península más allá de cien linajes árabes. Las comunidades judías (consideradas propiedad particular del rey cristiano, pues los padres de la Iglesia habían determinado su condena a eterna servidumbre), estaban bien situadas económicamente, constituían una burguesía bastante emprendedora, pero tampoco fueron muy populosas, según los estudiosos, unos cincuenta mil en ese mismo siglo.

Por su parte, los judíos también aportaban al pensamiento racista la noción de “pueblo elegido”, en que la “sangre” resulta teológicamente determinante. El concepto de “pureza racial” está presente en la tradición bíblica y suele tener mucha importancia para las minorías empeñadas en garantizarse la pervivencia y originalidad de su grupo mediante la endogamia, aunque sea parasitando a la sociedad en que se enquistan.