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Un adelanto de las IV Jornadas de Reflexión SocialLas IV Jornadas de Reflexión nos dejaron una gran cantidad de material para procesar. Estamos digitalizando las ponencias, la lista de asistentes y las mesas de debate. Vea las fotografías

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I Estudio sobre Consejos ComunalesEl Observatorio de participación y convivencia social presentó su primer Estudio exploratorio sobre Consejos Comunales.
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En los próximos meses el Observatorio estará presentando nuevos informes sobre Cooperativas y Participación Juvenil
Protesta Fe y Alegría por aumento salarialLos docentes de Fe y Alegría protestaron frente al Ministerio de Educación en reclamo por mejoras salariales ofrecidas el año pasado. Vea el video y fotos de la concentración.
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Quedan invitados al 1er Congreso Suramericano de Comunicación Corporativa, Venezuela 2008.
Centro Gumilla ofrecerá a los asistentes sus más recientes publicaciones, especialmente la Revista Comunicación, que ha dedicado algunos números a la Comunicación Organizacional.

Sean bienvenidos.
Revista SIC
Este año celebramos 50 años de vida en democracia. Un 23 de enero de 1958 cae la última dictadura que gobernó en nuestro país. ¿Cómo valorar este proceso que ha implicado la vida de al menos dos generaciones de venezolanos? La dinámica histórica va en la dirección de superar el dualismo estructural entre señores y siervos para alcanzar la igualdad, que exige la superación de la dependencia y el logro por lo tanto de la libertad. Pero la superación del dualismo entraña un elemento decisivo: la capacitación de los de abajo para que su solvencia económica les permita vivir sin amo ni tutor. CIVILIZACIÓN-BARBARIE, UNA OPOSICIÓN SIN DINAMISMO HISTÓRICO PARA RESOLVERSE SUPERADORAMENTE La república señorial que surge en 1830, llamada convencionalmente oligarquía conservadora, pero económicamente liberal, gira alrededor del eje barbarie-civilización, que entraña la incorporación sistemática del país al Occidente desarrollado. La expresión más significativa de esta dirección vital fue la implantación del liberalismo manchesteriano. Esta orientación al progreso, entendido de modo economicista, no pudo imponerse y modelar institucionalmente al país. Quienes la sustentaban eran una minoría que no tomaba en cuenta la realidad del país. Por eso lo que se impuso fue la ruralización de la vida pública por la influencia de los caudillos del interior. Es verdad que Guzmán Blanco retomó el proyecto modernizador proponiendo la educación popular y el saneamiento ambiental. Pero fue muy poco lo que se hizo y por eso todavía en 1929 Gallegos, en la novela emblemática de la generación del 28, Doña Bárbara, pudo plantear el problema nacional como la lucha entre la barbarie ancestral y la civilización que traen los señores pasados por la universidad, que remontan el territorio del interior, dejado hasta entonces a la incuria, para acabar con el imperio de la fuerza e implantar la ley y las reformas económicas y de costumbres que traigan la modernidad. MODERNIZACIÓN POLÍTICA COMO PALANCA PARA LA MODERNIZACIÓN INSTITUCIONAL, SOCIAL Y ECONÓMICA La explotación del petróleo en gran escala bajo el régimen de concesiones, dotó al Estado, dueño de la renta, de recursos para motorizar la modernización, a la vez que casi determinó su puesto como conductor del proceso. Los reformistas de Medina Angarita, cuyo símbolo sería Uslar Pietri, lo fiaron todo a la modernización económica e institucional, postergando la participación popular. Para ello contaron con la colaboración, que había comenzado una década antes, del segmento más modernizado y solidario de la burguesía, que ligó su suerte a la creación de un Estado moderno, más allá de cualquier gobierno y casi independiente de él. El liderazgo de esta burguesía que actuó en el Estado y no en la empresa privada, posibilitó la siembra del petróleo en el ámbito de la institucionalización estatal desde las obras públicas a la salud, a la vez que contribuyó a la creación de una burocracia eficiente. Pero lo que triunfó y llegó a su madurez institucional, tras el paréntesis dictatorial, fue la modernización adeca o, mejor, puntofijista, basada en la incorporación de las masas a la vida pública, a la política, y desde ahí a la educación popular, la salud y la seguridad social. Este proceso logró una cierta modernización del campo, pero no de los campesinos. Sí condujo a su desplazamiento a la ciudad, en la que había servicios, profesionalización y una cierta participación en la vida pública. Ese pueblo, en proceso de capacitación y consciente de sus derechos, podía participar en condiciones de justicia social en un capitalismo nacional, basado en la sustitución de las importaciones, cuyo árbitro era el Estado, promotor también de la burguesía nacional. En esta primera fase de la democracia el tono de la sociedad no fue rentista porque la renta petrolera fue considerada como un capital de inversión que dio muy buenos dividendos. La profesionalización de las masas campesinas, la dotación de servicios eficientes y la productividad positiva de la economía privada (1960 a 1974) hacen ver que no se vivió de rentas sino que se sembró eficientemente el petróleo en la sociedad venezolana, que adquirió hábitos de trabajo productivo, honradez y responsabilidad cívica. Ese proceso culminó en la nacionalización del petróleo. Ya que no se redujo a asumir la propiedad de la industria sino que llevó a ponerla a la altura del tiempo, con lo que supone de manejo gerencial, formación de recursos e investigación. El país estaba maduro para asumir ese reto crucial y lo hizo con prudencia y solvencia. LA IRRESPONSABILIDAD INSOLIDARIA, FUENTE DE ESTANCAMIENTO Y DESCOMPOSICIÓN SOCIAL, ECONÓMICA Y POLÍTICA El proceso involucionó a partir de la segunda mitad de los años setenta, cuando ante la abundancia súbita por la subida coyuntural de petróleo, se dio el salto no, como se dijo, hacia la Gran Venezuela sino a la corrupción y el endeudamiento irresponsable. Pasada la coyuntura, se evidenció que el petróleo no daba ya para todo y como consecuencia empezó a fluctuar, es decir a caer, el bolívar. Como la burguesía tenía más poder de presionar, el Estado invirtió cada vez menos en el pueblo. Se habría necesitado una reforma tributaria, basada en el impuesto sobre la renta y progresiva, y no se acometió por contubernio entre empresarios y políticos. También tocó techo el sistema de sustitución de importaciones, porque emergía la economía globalizada, mucho más competitiva. Además la expectativa de ganancia de los propietarios fue cada vez más desorbitada y menos atada a la productividad. Los partidos, por su parte, pasaron de mediadores a intermediarios de los de arriba, y, al no representar a las mayorías, perdieron el sentido de realidad y, al buscarse sólo a sí mismos, se sectarizaron hasta descomponerse. Por estos factores y por la presión de la nueva época, comenzó a retirarse la burguesía cualificada del Estado, que perdió eficiencia y más todavía que se quedó sin rumbo. Fue menguando tanto la representatividad como la participación, hasta perder las masas toda esperanza en los políticos y en el Estado. A este desprestigio del Estado contribuyeron los grandes medios de difusión, que pretendían sustituir miope e irresponsablemente a los partidos en la conducción del país. La gente quiso cerrar ese ciclo que se había vuelto infecundo y por eso votó por Chávez. EL PROCESO DE CHÁVEZ En este ya largo proceso en la presidencia podemos distinguir dos etapas: lo primero fue la gente. Ese encuentro con el pueblo y esa capacidad de encarnarlo simbólicamente, que se dieron en esos primeros años, siguen siendo la base de su poder. Chávez se presentó llamándolos a la participación, ofreciéndose él como el canal sustitutivo de los partidos. Pero además los llamó a participar como los seres concretos que eran, es decir desde sus culturas populares. La gente se sintió muy complacida, creyó en él y en su propuesta y se fue detrás de él. Esta llamada a la participación, secundada por tanta gente, ha sido el gran aporte de Chávez. Muchos siguen en esta etapa, organizándose para lo vecinal, por ejemplo los servicios de agua, luz y tierra, para la defensa de los derechos del niño y el adolescente, para la organización para la producción, la militancia política y la administración de su territorio en los consejos comunales. Sin embargo los que se organizaron mejor y empezaron a asumir la llamada democracia protagónica, sienten cada día más la contradicción entre el poder de base que ellos representan y el proceder de los funcionarios del gobierno y del partido. Pero el problema es más estructural. Porque de ahí pasó Chávez a la segunda fase: a la proclamación del socialismo del siglo XXI, que pretendió institucionalizar con la reforma constitucional. En muchas ocasiones este socialismo ha sido glosado por él con frases y actuaciones de Bolívar. Pero lo que vamos viendo es que eso significaría socialismo marxista leninista, incluso stalinista, es decir nacionalista sin prescindir del internacionalismo; pero, a diferencia de ellos, conservando la democracia formal, sobre todo en dos aspectos: libertad y elecciones. Esto sería lo que exige el siglo XXI para que sea viable el tránsito gradual al régimen estatista. Libertad de movimiento, pero con control policial selectivo; libertad de prensa, pero con amenazas variadas a periodistas disidentes; libertad para defender los derechos humanos, pero con los tribunales coaptados por el ejecutivo y agresiones múltiples a los defensores de derechos humanos; propiedad privada, pero con expropiaciones y nacionalizaciones irregulares; educación privada, pero estrangulándola económicamente e imponiendo paso a paso las directrices bolivarianas, aunque se retarde la aplicación del curriculum; elecciones libres, pero con un CNE elegido y controlado por un solo partido, con un padrón electoral viciado que no se quiere sanear, y con discrecionalidades que dejan mucho que desear. El referéndum para la reforma constitucional fue en la mente del Presidente el paso a una tercera fase: la implantación del Estado socialista como palanca para forzar que la sociedad se hiciera socialista o por lo menos se resignara a vivir en ese régimen. Hugo Chávez sabe que la mayoría de sus partidarios no quiere que Venezuela llegue a ser como Cuba: no quiere que el Estado sea la fuente de todos los derechos y en definitiva el único sujeto, el que define todos los parámetros de vida social y el único empleador. Pero hacia allí nos va llevando con medidas indirectas que no causen alarma, a pesar de que su reforma fue rechazada. El motor de nuestra historia ha sido el esfuerzo por superar el dualismo de señores, por un lado, y esclavos, peones o criados, por otro. ¿Qué resultado ha tenido ese esfuerzo? La primera parte de estos cincuenta años de democracia marca la cota más alta que hemos alcanzado: una democracia de partidos de masas en los que la mayoría se sentía representada; un Estado moderno concebido como Estado social de derecho que dotó de servicios básicos (educación, salud, agua potable, cloacas, luz, vialidad) a la mayoría de la población, que colaboró eficazmente en la capacitación de vastos sectores populares e impulsó la economía, y de este modo trasformó la renta petrolera en capital bien invertido. Una sociedad con multitud de asociaciones para expresarse y cualificarse. Un sector de la burguesía que puso sus talentos en el fomento cualificado de lo público. Pero en esa etapa los partidos (y consiguientemente los sindicatos) no pudieron alcanzar la democracia interna y el cambio generacional; el Estado no arbitró mecanismos para que los ciudadanos le exigieran responsabilidades ante tribunales independientes; la mayoría del empresariado no se comprometió con el país ni aceptó la reconversión de sus empresas para mejorar la rentabilidad; los medios de difusión masiva entraron en una fase poco creativa, irresponsable y prepotente; muchos individuos bien dotados y posicionados se hicieron individualistas y se desentendieron del bien común. Es verdad que el primer Chávez repuso la política en el escenario nacional y logró reencantar al pueblo para que participara e impulsó indirectamente que las clases medias asumieran responsabilidades. Pero en la segunda fase se impuso el dirigismo hacia los suyos y la discriminación hacia los demás. Además, las altísimas regalías del petróleo no han sido empleadas para mejorar la productividad del país mediante la dotación de servicios de educación y salud, de seguridad física, seguridad social y seguridad jurídica, a la altura del tiempo y mediante el estímulo a la producción. Por el contrario, en contra de lo proclamado, cada día producimos menos e importamos más. Es indispensable una alternativa que incluya al pueblo, de manera que la realidad multiétnica y pluricultural que somos llegue a reconocerse en un Estado de justicia e interacción simbiótica. Pero esto no será posible, a pesar de la renta petrolera, si no asumimos los bienes civilizatorios del Occidente mundializado, para lo cual es indispensable el concurso de los profesionales más cualificados en un régimen que favorezca la iniciativa privada, a la vez que evite todo tipo de oligopolios y monopsonios, sean privados o estatales, favorezca una cultura personalista y solidaria.
Revista COMUNICACION
Si se revisa la producción académica de las últimas dos décadas, en América Latina, se podrá constatar que es muy amplia la reflexión intelectual e investigación empírica en las que se ha abordado el papel de los medios de comunicación, como asunto central para la realización de la acción política en las sociedades actuales. Esto, obviamente, no es casual, tal como lo apuntaran Abby Peterson y Hakan Thörn en 1999: “la lucha por lograr ser escuchado o visto no es un asunto periférico propio de los vaivenes sociales y políticos de las sociedades complejas; al contrario, se trata de un aspecto central en ellas”. Hoy, la pantalla de televisión y la página del diario son, esencialmente, la plaza o espacio público donde los políticos hacen política, y por tanto los medios, que median entre la realidad y la sociedad, vienen a ser espacios donde se construye la legitimidad y desde donde se articulan los debates sobre lo público. Asumimos que lo público, resumidamente, se articula entre el interés común, el espacio ciudadano y la interacción comunicativa, como lo señalara Jesús Martín Barbero. Hace más de una década en el contexto de un encuentro realizado en la Universidad Católica Andrés Bello sobre la responsabilidad social de los medios, el politólogo venezolano Ángel Álvarez resumía la interacción, de eso que denominamos Política Mediada, de la siguiente forma: “Los medios no son el único agente de socialización política, pero son los medios quienes llevan más eficaz y más rápidamente la información política a los hogares. Lo que ellos difunden y el modo en el que lo hacen influye en las creencias del público acerca de lo que es y lo que debería ser la política”. Esta tendencia ha llevado a que muchas estrategias políticas, en la actualidad, se hagan desde lo comunicacional, pasando ser este aspecto central en las mismas y no un asunto complementario. Con esto, esta dimensión no sólo es un recurso sino el propio espacio desde donde se realiza la acción política, la intervención en la esfera pública. Para un profundo pensador, como Martín Barbero, esta dinámica no resulta extraña a la realidad de nuestros países latinoamericanos dado que estamos en sociedades en las que actores tradicionales como el Estado, Iglesia, y partidos políticos ya no pueden vertebrarla, y hay una presencia masiva de la industria mass-mediática, con lo cual “lo público se halla cada día más escenificado en los medios”. Esta construcción mediática de la política no es asunto exclusivo del país, de la particular coyuntura que vivimos o del contexto latinoamericano. La tendencia apunta al conjunto del quehacer político: “ahora la política es cuestión de comunicaciones masivas”, como lo ha apuntado Marcelino Bisbal. Partiendo de este contexto global, en el cual efectivamente la política está medida, Comunicación lanza una mirada analítica y reflexiva sobre Venezuela. Este número, correspondiente al primer trimestre de 2008, se difunde cuando el gobierno que encabeza Hugo Chávez arriba a nueve años en el poder. En términos de extensión temporal, marca sin duda un hito para el sistema político venezolano, y ello ha estado aparejado de una significativa producción simbólica mediática, que en buena medida sustenta a un liderazgo tan carismático, como personalista. Comunicación repasa algunos aspectos que nos parecen nodales para entender esa política mediada que emana de lo que, para decirlo rápido y fácil, podemos llamar chavismo. Los estudios de Marcelino Bisbal “De la nueva política comunicacional a la desmesura del poder”, e Iván Abreu “Notas sobre la propaganda” junto al artículo de Agrivalca Canelón, “Estado Socialista con marca bolivariana”, se conjugan con el aporte ya mencionado de Abreu, para tener una suerte de aproximación panóptica sobre el fenómeno propagandístico en esta casi década de chavismo. Otro camino analítico, para reflexionar sobre el tiempo político-comunicacional de la Venezuela actual es la estética. Dos artículos parten de esa perspectiva, se trata de textos de Honegger Molina y Carlos Delgado-Flores. Éste último aborda una lectura estética del 2 de diciembre, fecha que será recordada por la celebración del referéndum sobre la reforma constitucional. Un análisis de la cobertura del referendo nos lo aporta Tomas Andersson, catedrático de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), quien junto al experto noruego Stein Gronsund coordinaron un amplio monitoreo de medios, en colaboración con la Universidad Católica Andrés Bello. Sobre el mismo tema del 2D va el Hablemos, nuestra sección para foros y conversatorios, que esta oportunidad reunió a Ángel Oropeza, José Vicente Carrasqueño y José Virtuoso. Finalmente, y como suele suceder, la realización de una consulta electoral termina propiciando un debate sobre el papel de las encuestas y los estudios de opinión previamente realizados. En esta oportunidad Félix Seijas Rodríguez reflexiona sobre la aplicación de dichos instrumentos en ambientes de alta sensibilidad política, como es el caso de Venezuela. Del conjunto de lecturas de la presente edición, la intención de Comunicación es analítica, con una perspectiva crítica, como ha sido nuestro lema por más de tres décadas. Venezuela, bajo la égida del chavismo vive un singular proceso político-mediático, en el cual el conjunto de medios, y especialmente los del Estado colocados al servicio de un proyecto político particular son, como lo indicaran Peterson y Thörn, “en tanto vehículos, el conducto para la difución de significado, como también actores de dicha difusión de significados. La política está mediada.
Los Jesuitas en Venezuela
Al estudiar las fuentes para el estudio de Los Jesuitas en Venezuela es necesario conocer a fondo a los hombres que llevaron adelante el proyecto jesuítico en tierras venezolanas. Y ese es el sentido de este segundo tomo que presentamos al gran público. La presente Bio-bibliografia intenta recoger la obra de aquellos miembros de la Compañía de Jesús que, de una u otra forma, tuvieron que ver con Venezuela durante el período hispánico. En consecuencia, se incluyen todos los miembros de la Orden que nacieron dentro de la territorialidad que hoy define los espacios geográficos de la actual República de Venezuela aunque trabajaran en el exterior; a los oriundos de otras latitudes pero que dedicaron total o parcialmente su vida a la educación en las urbes coloniales o a las misiones en la Venezuela profunda; a los extranjeros que nunca pisaron nuestro país pero escribieron sobre temas nacionales; a los Provinciales de la Provincia del Nuevo Reino de la Compañía de Jesús de cuya gestión dependieron los hombres y los domicilios establecidos en la actual Venezuela; a los Procuradores a "entrambas cortes", que la Provincia elegía periódicamente para informar y gestionar los mas variados asuntos en Madrid y Roma. En síntesis, el presente tomo trata de recopilar a todos aquellos jesuitas que puedan servir de puente para recabar información sobre la historia de la Compañía de Jesús en nuestro país. La investigación recoge la obra de 321 jesuitas. Toda entrado consta de dos partes. En la primera, se esbozan los rasgos más significativos de la vida y acción de cada jesuita. En la segunda, se recoge la información comprobable sobre lo escrito por cada autor acerca de cualquier tema. En las notas, además de la bibliografía indirecta sobre el autor, procuramos incluir las fuentes y los documentos que pueden orientar en la busque da de nuevas rutas para ulteriores investigaciones.
Mujer y economía informal
LA ECONOMÍA INFORMAL ¿A qué se llama economía informal? ¿Por qué existe y crece la economía informal? Las condiciones de trabajo informal De lo informal a lo formal ¿POR QUÉ SON TAN IMPORTANTES LAS ASOCIACIONES Y SINDICATOS EN LA ECONOMÍA INFORMAL? Introducción La informalidad: una alternativa ¿Qué cosas hacemos las mujeres en la economía informal y qué problemas tenemos? Nuestros problemas comunes Las trabajadoras por cuenta propia o no dependientes Las trabajadoras asalariadas o dependientes El vacío de la capacitación La actividad organizativa o sindical ¿CÓMO PODEMOS MEJORAR NUESTRAS CONDICIONES EN LA ECONOMÍA INFORMAL? ¿Cuáles son nuestros derechos? La necesidad de formalizar la informalidad ¿Para qué sirven las asociaciones o sindicatos? En concreto, ¿qué cosas pueden hacer las asociaciones o sindicatos? ¿Cómo debe ser la capacitación laboral para las mujeres? Anexo I Anexo II Anexo III
Programa A Fondo
17.01.08 - 17.10.08
En Radio Fe y Alegría. Todos los días de 8 a 9. Analizamos los problemas políticos, sociales y económicos del país. Con Javier Barrios y Laura Weffer.
Lea SIC Semanal
03.05.07 - 31.12.08
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